sábado, 21 de mayo de 2016

¡Ah! La Musa joven de alas sonantes y corazón de fuego, la Musa de Nicaragua, la de
las selvas seculares que besa el sol de los trópicos y arrullan los océanos.
 ¡Qué hermosas pájinas de deliciosa lectura, con prosa como versos, con versos como
música! ¡Qué brillo! todo luz, todo perfume, todo juventud y amor.
 Es un regalo de hadas: es la obra de un poeta.
 Pero, de un poeta verdadero, siempre inspirado, siempre artista, sea que suelte al aire las
alas azules de sus rimas, sea que talle en rubíes y diamantes las facetas de su prosa.
 Rubén Darío es, en efecto, un poeta de esquisito temperamento artístico que aduna el
vigor a la gracia; de gusto fino y delicado, casi diría aristocrático; neurótico y por lo mismo
original; lleno de fosforescencias súbitas, de novedades y sorpresas; con la cabeza poblada
de aladas fantasías, quimeras y ensueños, y el corazón ávido de amor, siempre abierto a la
esperanza.
 Si el ala negra de la muerte antes no lo toca, si las fogosidades del numen no lo
consumen o despeñan, ¡Rubén Darío llegará a ser una gloria Americana, que tal es la fuerza
y ley de su estro juvenil!
 En la portada de su libro, sobre la tapa de su cofre cincelado brilla la palabra AZUL...
misteriosa como es el océano, profunda como el cielo azul, soñadora como los ojos azul-
cielo.
 ¡L'art c'est l'azur! Dijo el gran poeta.
 Sí: pero aquel azul de las alturas que desprende un rayo de sol para dorar las espigas y
las naranjas, que redondea y sazona las pomas, que madura los racimos y colora las mejillas
satinadas de la niñez.
 Sí, el arte es el azul, pero aquel azul de arriba que desprende un rayo de amor para
encender los corazones y ennoblecer el pensamiento y engendrar las acciones grandes y
generosas.
 Eso es el ideal, eso el Azul con irradiaciones inmortales, eso lo que contiene el cofre
artístico del poeta.
 ¿Y aquellas alas de mariposa azul de qué nos sirven? preguntarán los que nacieron sin
alas. ¿De qué nos sirve eso que flota en el vago azul de los sueños?
 Contesta el poeta:
 -Pour des certains êtres sublimes, planer c'est servir.

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